28/12/2010

José y María hablando por Facebook de la Navidad (vídeo 2)

El 10 de diciembre esta página fue la primera de habla hispana que publicó un vídeo sobre la Navidad digital, que ha dado la vuelta al mundo: La Virgen y San José versión 2010: usando Google Maps, Gmail, Wikipedia, Facebook y más :-)

Como a muchos os gustó, ahora publico otro parecido que me acaban de enviar: María y José hablando por Facebook de la Navidad. Feliz Navidad!



22/12/2010

¿a quién seguir en Twitter?

¿A quién seguir en Twitter?

Como sabéis, Twitter es una nueva herramienta de comunicación instantánea y cada vez más usada. Hace unos días publiqué una guía de Twitter: ¿cómo usar Twitter? 11 reglas para usar Twitter como un profesional

Muchos se preguntan ¿a quién seguir en Twitter? He hecho una selección de 20 perfiles imprescindibles que sigo en Twitter sobre religión. Seguro que hay más que iré descubriendo, pero a estos los considero imprescindibles... si quieres estar actualizado, sígueme en @_antoniog ;-)

Copio algunos que acaban de mandarme... no sabía de la existencia de varios de ellos, que ignorante ;-)

17/12/2010

Feliz Navidad 2010! :-) Regala Revaloria (Madrid)



¿Te ha gustado? Pincha aquí para ir a Youtube. Luego pincha en “Me gusta”, “Añadir a Favoritos”, “Compartir” y deja un comentario.

14/12/2010

colegios elitistas del Opus

Uhmmm lo que ella dice es parcialmente la verdad- lo sé de primera mano. Yo fui educada en uno de los colegios elitistas del Opus y si es verdad que hay gente muy rica y gente muy pobre – y que lo puedes ver en uno que otro video- lo que pasa es que jamas los dos grupos los vas a ver juntos jamás, ni se propiciará que hayan encuentros entre los dos- eso NO existe. Pero si pobres hay de todas formas una organización crece y sobrevive por la cantidad de miembros.

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No se de donde sea nuestro invitado, pero yo soy de México. Este sábado estuve en una posada navideña en mi Centro al que acudieron las familias de los que allí particpamos y había desde el director general de un banco del país hasta empleados, obreros, pasando por amas de casa, profesionistas, universitarios, cocineros…hasta un conductor de trailers nos ha acompañado. Todos convivimos. Como es lógico, el Opus Dei facilita para la formación que los grupos sean homogéneos en cuestión de intereses, cultura, etc. para que nadie se sienta incómodo. Esto tal vez resulte dificil de entender para algunos, pero la verdad es que funciona de maravilla y obedece a razones de caridad y prácticas. Hace poco hubo una convivencia de supernumerarios jóvenes y ahí habían gente de familas de todos los niveles socioeconónicos. No sé que experiencia tenga nuestro invitado al respecto.

13/12/2010

Si Dios lo quiere, se procurará aceptar

a esa enfermedad mental se le llama masoquismo y hasta ahora no se conoce ningun martir del opus dei
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No sé en respuesta a qué es tu aportación.

El martirio no es un objetivo de las personas del Opus Dei. Si Dios lo quiere, se procurará aceptar. Pero será la excepción. Además, la Obra es muy joven comparada con la Iglesia, a la que pertenece.

Dice san Josemaría en Camino:

848
Quieres ser mártir. —Yo te pondré un martirio al alcance de la mano: ser apóstol y no llamarte apóstol, ser misionero —con misión— y no llamarte misionero, ser hombre de Dios y parecer hombre de mundo: ¡pasar oculto!

10/12/2010

Navidad con nuevas tecnologías

Navidad 2010

Os recomiendo ver este vídeo que me acaban de mandar. La Navidad de Belén versión 2010: la Virgen, San José y los Reyes Magos usan Google Maps, Gmail, Wikipedia, iPhone, Facebook, Amazon, Twitter, Forusquare y más :-)

09/12/2010

Carta del Prelado (diciembre 2010)

Mons. Javier Echevarría sugiere preparar la Navidad buscando la Gracia en los sacramentos y leyendo y meditando con frecuencia la Palabra de Dios.


07 de diciembre de 2010

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Con inmensa alegría recuerdo el gozo con que San Josemaría repetía, durante el tiempo de Adviento, las palabras de la liturgia: Dominus prope est![1]. Esperaba con prisa y agradecimiento la solemnidad que conmemora la llegada del Salvador a la tierra.

Hemos comenzado estas semanas, que nos ayudan a prepararnos para la Navidad y las demás fiestas en torno al nacimiento del Señor. Pienso que se nos vendrán a la boca las palabras del profeta Isaías, que se recogen en la Misa del primer Domingo: sucederá en los últimos días que el monte del Templo del Señor se afirmará en la cumbre de los montes, se alzará sobre los collados, y afluirán a él todas las naciones[2]. Y nos rendiremos ante la bondad del Cielo, al ver cómo se cumplió esta profecía cuando el Verbo divino tomó carne en el seno virginal de María Santísima por obra del Espíritu Santo. Con su encarnación redentora, y especialmente por el misterio pascual de su muerte y su resurrección, el Señor ha traído la paz a la tierra, como anunciaron los ángeles en la primera Navidad. Aunque esa paz no se manifieste aún plenamente —pues el designio divino contempla que sólo al final de los tiempos Dios será todo en todas las cosas[3]-, ya ha hecho desaparecer el muro que se alzaba entre los hombres y Dios, a causa del pecado original y de nuestros pecados personales[4]. Además, Jesucristo quiere que los cristianos colaboremos diariamente en la implantación de su paz en los corazones, llegándonos hasta el último rincón de la sociedad.

El Papa comentaba, hace algunos años, que «los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del Antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: "Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado" (Is 10, 23;Rm 9, 28) (...). El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance[5]. Y añade el Santo Padre, en su reciente Exhortación apostólica: ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret»[6].

Prosigamos, pues, con seguridad y gran contento, nuestro camino cristiano. «La Navidad nos recuerda que el Señor es el principio y el fin y el centro de la creación: en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Es Cristo, hijas e hijos míos, el que atrae a todas las criaturas: por Él fueron creadas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna, de cuantas han sido hechas (Jn 1, 3). Y al encarnarse, viniendo a vivir entre nosotros (cfr. Jn 1, 14), nos ha demostrado que no estamos en la vida para buscar una felicidad temporal, pasajera. Estamos para alcanzar la bienaventuranza eterna, siguiendo sus pisadas. Y esto sólo lo lograremos aprendiendo de Él»[7].

Hemos sido revestidos de Cristo en el Bautismo. Para conformarnos más y más a Él, el Señor nos ha dejado los demás sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía. Recibiéndolos con frecuencia y con las disposiciones debidas, nuestro parecido con Jesús se refuerza, nos hacemos mejores hijos de Dios. El Espíritu Santo realiza esa tarea en las almas, contando con nuestra colaboración personal. Y parte de esa colaboración se concreta en leer asiduamente la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón[8]. De ahí el consejo de nuestro Padre: «Hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oración»[9]. Empeñémonos, en las próximas fiestas, por «entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño, desde que está recién nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres»[10]. Ponderemos con frecuencia: ¿con qué afán de santidad me acerco a las fuentes de la gracia? ¿Busco el modo de ser puntual en la recepción de los sacramentos, queriendo adquirir la limpieza de alma y el tono sobrenatural que Dios espera de mí?

La reciente Exhortación apostólica del Santo Padre, Verbum Domini, destaca la importancia de la Sagrada Escritura en la vida y misión de la Iglesia, y en la existencia personal de cada cristiano. Allí, Benedicto XVI recuerda a los estudiosos de la Sagrada Escritura, y a todos, una afirmación fundamental: «El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia»[11]. Sólo en el seno de la Iglesia, en continuidad con la Tradición viva y bajo la guía del Magisterio instituido por Cristo, se puede entender adecuadamente lo que el Espíritu Santo quiso comunicarnos para nuestra salvación, por medio de los escritores inspirados, sirviéndose de palabras humanas. Es decir, únicamente en la fe y desde la fe es posible comprender con hondura y exactitud, sin peligro de errar, lo que Dios nos ha revelado en orden a nuestra participación en la misma Vida divina. El estudio científico de la Sagrada Escritura se precisa para hacer una buena exégesis, pero igualmente necesaria —y en mayor grado— resulta la plena identificación con la fe propuesta por el Magisterio de la Iglesia. Por eso, «una auténtica interpretación de la Biblia ha de concordar siempre armónicamente con la fe de la Iglesia católica»[12].

Para comprender bien la Palabra de Dios, además de avivar la fe, esforcémonos por leer y meditar la Biblia en el clima espiritual en que fue escrita. Por eso resulta necesario que, al repasar con detenimiento el Evangelio y los demás libros inspirados, fomentemos una actitud personal de escucha. La Sagrada Escritura, sobre todo cuando es proclamada en el seno de la celebración litúrgica, cobra siempre actualidad, transmite la novedad de las cosas de Dios a la persona concreta que la oye con atención y desea asimilarla. Sus palabras, como escribe San Josemaría, son «luces del Paráclito, que habla con voces humanas para que nuestra inteligencia sepa y contemple, para que la voluntad se robustezca y la acción se cumpla. Porque somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»[13].

De modo análogo, también en la lectura personal de la Biblia —sobre todo, del Evangelio— resuena la voz de Dios, que hemos de esforzarnos por aplicar a nuestra situación concreta. Si nos afanamos por cuidar la atención —una atención filial— en la lectura de los textos sagrados, esa actividad se transformará verdaderamente en oración. «Al abrir el Santo Evangelio —escribió nuestro Padre—, piensa que lo que allí se narra —obras y dichos de Cristo— no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

»—El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.

»Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." —¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.

»Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. —Así han procedido los santos»[14].

En el documento que he recordado, Benedicto XVI dedica varios párrafos a exponer cómo la vida de los santos ofrece una gran ayuda para penetrar con mayor profundidad en el sentido de la Escritura. San Gregorio Magno —el Papa lo recoge en la Exhortación apostólica— aseguró que «viva lectio est vita bonorum»[15], que la vida de los santos es una lección muy viva, muy honda. «La interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua (...). No es una casualidad —prosigue el Santo Padre— que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura»[16].

Después de afirmar que «cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios»[17], el Santo Padre menciona a varios santos y santas que han aportado luces nuevas, sacadas del Evangelio, a la vida de la Iglesia; y muestra cómo uno de esos rayos se manifiesta «en San Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad»[18]. Estas palabras nos han colmado —como es natural— de mucha alegría, al tiempo que nos traen al alma una llamada a nuestro sentido de responsabilidad, para sacar más provecho de las enseñanzas de nuestro Padre y difundir más aún su mensaje, amando así más a Dios y a la Iglesia.

Sigamos, pues, las repetidas invitaciones de San Josemaría a servirnos con frecuencia de los textos de la Biblia para alimentar nuestros ratos de oración y contemplar las escenas de la vida de Cristo, metiéndonos en el Evangelio «como un personaje más». Los textos litúrgicos de la Misa, tanto en el Adviento como en la Navidad, nos impulsarán fuertemente a crecer en familiaridad con la Palabra de Dios y a aumentar nuestra intimidad con Jesús, María y José. Entremos con decisión en sus vidas acompañando a los tres de todo corazón.

«Toda la vida del Señor me enamora», escribió nuestro Padre. «Tengo, además, una debilidad particular por sus treinta años de existencia oculta en Belén, en Egipto y en Nazaret. Ese tiempo —largo—, del que apenas se habla en el Evangelio, aparece desprovisto de significado propio a los ojos de quien lo considera con superficialidad. Y, sin embargo, siempre he sostenido que ese silencio sobre la biografía del Maestro es bien elocuente, y encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente —como la nuestra, si queremos—, divina y humana a la vez; en aquel sencillo e ignorado taller de artesano, como después ante la muchedumbre, todo lo cumplió a la perfección»[19].

Un consejo me gustaría sugeriros, tomando ocasión de esas palabras del Papa a propósito de San Josemaría: aumentad —aumentemos todos— el afán de conocer a fondo los comentarios de nuestro Padre a la Sagrada Escritura. Aprenderemos así a movernos con mayor soltura en el mar profundo de la Revelación, y sabremos descubrir también el sentido espiritual que se esconde en las palabras del texto sacro: lo que el Espíritu Santo desea transmitirnos, aquí y ahora, a cada una y a cada uno de nosotros. Con esta perspectiva os invito a releer un punto de Forja: «"Aquæ multæ non potuerunt exstinguere caritatem!!" —la turbulencia de las aguas no pudo extinguir el fuego de la caridad. —Te ofrezco dos interpretaciones de estas palabras de la Escritura Santa. —Una, que la muchedumbre de tus pecados pasados —a ti, que estás bien arrepentido— no te apartará del Amor de nuestro Dios; y otra, que las aguas de la incomprensión, de las contradicciones, que quizá padezcas, no deberán interrumpir tu labor apostólica»[20].

En los días pasados hice un rápido viaje a Fátima y a Santiago de Compostela, siguiendo las huellas de nuestro Fundador. Conocéis que el Santuario de Fátima le atraía especialmente; allí, como os he comentado otras veces, acudió San Josemaría con frecuencia para confiar a la Virgen sus intenciones, convencido de que la oración de María es siempre atendida por el Señor. También fui a Santiago de Compostela, recordando la peregrinación de nuestro Fundador al sepulcro del Apóstol, en 1938, que también fue un año jubilar, y uniéndome a la oración de Benedicto XVI en ese lugar, pocos días antes. En los dos sitios me he sentido apoyado por todos —como pedí, antes de salir, a vuestras hermanas y a vuestros hermanos de Roma—, para que el Señor nos conceda todo lo que le suplicamos. Recé por la Iglesia, por el Papa, por los fieles —cada mujer, cada hombre— del Opus Dei. Acudamos siempre a Jesús por medio de María, con fe y perseverancia, en una oración de unidad con la Iglesia y con la humanidad entera.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de diciembre de 2010.

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[1] Misal Romano, Domingo III de Adviento, Antífona de entrada (Flp 4, 5).

[2] Misal Romano, Domingo I de Adviento, Primera lectura (A) (Is 2, 2).

[3] 1 Cor 15, 28.

[4] Cfr. Ef 2, 14.

[5] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Nochebuena, 24-XII-2006.

[6] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 12.

[7] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.

[8] Hb 4, 12.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 14.

[10] Ibid.

[11] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 29.

[12] Ibid., n. 30.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 89; citando a San Cipriano, De dominica oratione, 23 (PL 4, 553).

[14] San Josemaría, Forja, n. 754.

[15] San Gregorio Magno, Moralia in Job XXIV, 8, 16 (PL 76, 295).

[16] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 48.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.

[20] San Josemaría, Forja, n. 655.

de opusdei.es

07/12/2010

"qué apoyo tan grande tenemos"

¿En qué me ha ayudado el Opus Dei?

Han ayudado a mi cuñada, las personas del Opus Dei y sin conocerla,

con kilos y kilos de oraciones a prepararse a bien morir -esto es una muerte digna-.

Le han ayudado con sus oraciones a preparar su alma para la partida, y también dejar en orden todas las cosas importantes concernientes a sus hijos.

Le han ayudado a rodearse de todos los que le querían, solventando los problemas que surgen con las diferencias. Nos ha permitido cuidarla en sus últimos días, sin reprochar ni mínimamente nuestros descuidos con ella. Sino al contrario mostrándose amable y agradecida por todo.

En definitiva le han ayudado a aceptar con serenidad pasmosa, el paso de este mundo al otro. El abandono definitivo y eterno en los brazos del Padre.

Por todo eso le agradezco al Opus Dei, que un día me enseñaron el valor y trascendencia de la Comunión de los Santos. Y por habernos brindado la oportunidad de sentir que – el hermano ayudado por su hermano es como una ciudad amurallada-.
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Bendita Comunión de los Santos; qué apoyo tan grande tenemos, ¡todos con todos! es impresionante.

03/12/2010

PARA BIEN Y PARA MAL

No soy del Opus Dei, pero a la pregunta (en que me ha ayudado el Opus Dei) responderé lo siguiente:

- He ido durante 5 años a un colegio de la obra en el que he aprendido mucho en cuanto a conocimientos teóricos, me parece que tienen buen nivel
- Se me ha enseñado a tener capacidad de sacrificio a la hora de estudiar, hábito de estudio...esto me ha servido muchísimo después en la carrera a la hora de conseguir ser efectiva y sacar buenas notas.

- Que hay gente de todo tipo dentro de la obra, como en todos los sitios. Al fin y al cabo son personas y las personas, con independencia de tener la misma vocación, pueden tener mayor o menor afinidad contigo en cuanto a personalidad, hay algunas que no soporto ( ni ellas a mi, y son sinceras) y otras con las que siempre he conectado muy bien.

- Que hay personas que se desviven por ti cuando tienes un problema y te miran como ser humano y no como "otro/a mas", a tratar a cada persona individualmente.

- Que hay que tener un poco de cuidado cuando tus hijas o hijos vayan al club....con todos mis respetos, y que los clubs , aun siendo entretenidos y siendo en la mayoría de las cosas algo muy positivo, no dejan de estar llenos de gente que a veces cree ver vocaciones demasiado tempranas donde lo que solo hay es inexperiencia y desconocimiento por juventud...

- Que mis futuros o actuales hijos irán a pesar de todo a un club si quieren hacerlo.

- Que los cursos de retiro dan paz.

- Que la fe que tienes hay que practicarla, cuidarla y cumplirla si quieres ser feliz de verdad.

- Que con el paso del tiempo tus profes siempre van a estar allí para cualquier cosa seas o no de la obra, seas o no religioso...seas como seas.

- Que es un chollo poder dar sentido a cosas que haces todos los dias para estar mas cerca de Dios ofreciendo el trabajo ordinario.

- Que no me parece justo que los hombres fumen y las mujeres no "puedan". . Esto no me lo ha enseñado el opus dei sino yo...jeje

- Que las mujeres del opus dei estaban deseando usar pantalones y no solo faldas... , lo mismo...

- Que por mucho que quieras ir en contra de todo aquello que sabes que es cierto, con el tiempo vuelves al "redil" y te das cuenta de que lo que en un momento criticaste fue un privilegio tenerlo.

- Que la dirección espiritual de un mismo sacerdote ayuda mucho .

- Que aunque yo no sea de la obra, el dia de mañana me gustaria que mis hijos fueran a un colegio de la obra.

ESto es lo que se me viene a la cabeza nada mas leer la pregunta, pero podría estar escribiendo hojas...

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Binevenida a éste club de los inconformistas-
Tu si que sabes... lo que quieres, y se ve que has experientado lo que dices.

Muchas gracias porque la gente de la obra es así como dices: gente normalita y corrientita, con sus defectos y con sus virtudes por las que lucha cada día: unas cae, otras se levanta.
¡¡Apañaos íbamos si no fuera así!!

02/12/2010

Numerarios, supernumerarios, agregados....?

No entiendo muy bien lo de ser numerarios .

El por que de esa distinción .Es lo que no termino de entender en el Opus Dei.l
Fue un mandato de San José María?
Se ve desde el exterior como algo dentro de la Iglesia pero no dentro del conjunto de la Iglesia.
Evitar malas interpretaciones ,no tengo nada en contra

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De Dominique Le Tourneau, El OPUS DEI

PROCEDENCIA DE LOS MIEMBROS
Una sola vocación y diversidad de miembros
La pertenencia al Opus Dei requiere una auténtica vocación sobrenatural, una llamada íntima y personal de Dios a poner toda la vida a su servicio, con arreglo a la espiritualidad propia del Opus Dei, sacando partido de las circunstancias en que cada cual se encuentra en el mundo.

Una sola vocación
Monseñor Escrivá de Balaguer recalcó con frecuencia que todos los miembros del Opus Dei tienen la misma vocación, reciben idéntica llamada a la santidad y al apostolado en el ejercicio de su trabajo, y que, por eso, no hay diversas categorías de miembros: unos no son más importantes que otros ni han recibido una vocación más exigente; todos son iguales, aunque su situación sea diversa, ya que en el Opus Dei hay sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, solteros, casados y viudos. Los laicos, además, pertenecen a todas las clases sociales, a todas las razas, y ejercen las más variadas profesiones. Cuando el Opus Dei adquiere desarrollo en un país, ofrece, por eso, una composición socioprofesional sumamente representativa del mismo.

La unicidad de la vocación se traduce en el hecho de que todos los fieles de la Prelatura -sacerdotes incluidos- adquieren los mismos compromisos ascéticos, apostólicos y de formación doctrinal. Su fundamento reside en la complementariedad existente entre el sacerdocio ministerial de los clérigos y el sacerdocio común de los fieles, que confluye en la realización de la finalidad apostólica única del Opus Dei.
Diversidad de miembros

Dentro de esa vocación única (que el Fundador describía con la imagen de «un solo puchero» del cual cada uno extrae lo que necesita), a los miembros se les aplican diversas denominaciones que no hacen más que expresar de alguna manera diversas situaciones personales y de disponibilidad habitual con respecto a quienes forman parte de la Prelatura.

Los Numerarios son aquellos miembros (hombres y mujeres) que han recibido la llamada de Dios a vivir el celibato apostólico y que colaboran con todas sus fuerzas y con entera disponibilidad en las labores apostólicas propias del Opus Dei. Suelen vivir en centros de la Obra, con objeto de ocuparse de la formación de los demás fieles de la Prelatura y de la dirección de las labores apostólicas. Algunos Numerarios varones son llamados al sacerdocio y, una vez ordenados, constituyen el clero de la Prelatura.

Los Agregados son aquellos fieles laicos (hombres y mujeres) que ponen toda su vida a disposición de Dios, en el celibato apostólico, según el espíritu del Opus Dei, pero, por circunstancias permanentes de orden personal, familiar o profesional, suelen vivir, de ordinario, con su familia de sangre.

Los Supernumerarios son fieles laicos, solteros o casados, que se entregan plenamente a Dios en su propio estado con la misma vocación divina que los Numerarios y los Agregados. Participan en el apostolado del Opus Dei con la disponibilidad que sus obligaciones familiares, profesionales y sociales les permiten y transforman en medio de santificación y de apostolado no sólo su vida y su profesión, como los demás fieles de la Prelatura, sino también, como los Agregados, su propio hogar y sus ocupaciones familiares.

El léxico lo escogió el Fundador de las instituciones laicas.