Haber conocido a Don Jesús en una vuelta que hizo a México, donde visitó a la Virgen de Guadalupe y a la Virgen de Zapopan, fue todo un acontecimiento: aquel sábado, según supe por una familiar que estuvo, una meditación multitudinaria con chicas y luego, eso ya no me lo contaron, lo viví, una meditación multitudinaria con chicos.
Don Jesús siempre afable, siempre sereno (dicen que no era para nada sereno porque era vasco) habló, predicó, durante treinta minutos que se sintieron como 30 segundos.
Dos puntos recuerdo muy bien de aquella meditación: estar atento a lo que desde el sagrario quiera decirnos Jesús y subirse al carro del Opus Dei era emprender una aventura.
Luego, quizá al día siguiente, una tertulia: cuántos recuerdos que traía a la sala don Jesús de San Josemaría. Cómo nos hizo reír con anécdotas del libro del Valor Divino de lo Humano cuando lo escribía en Molinoviejo y las trastadas que recíprocamente se hacían él y el que lo acompañaba: que si no hubieran estado así, el libro hubiera sido un pelmazo…
Leer sus notas mensuales en la revista Mundo Cristiano era saber que se estaba ante un sacerdote celoso, fiel, divertido: recuerdo ahora que cuando leí Los Defectos de los Santos, hablaba entonces del atardecer en la vida de San Pablo, como él, Don Jesús, que ya estaba en esos atardeceres: principios de los años 80 del siglo pasado y mirad cuándo es que se nos fue!!!
Con estas marchas de verano al cielo de algunas personas tan queridas y conocidas, me llevan a pensar que Dios los ha llamado para que desde allá trabajen intensamente en la expansión.
La maravilla de ver que tras esos años (muchos a lo humano), don Jesús puede decir ahora con la evidencia que tiene ante sí, que todo eso vale la pena, vale la pena.
Otra maravilla: ¿quién le da el pésame a quien? Para quienes no lo saben, San Josemaría tras celebrar la Misa de cuerpo presente de su hermana, ese mismo día a sus hijos en la tertulia les dijo que no le tenían que dar el pésame sino la enhorabuena, porque su hermana estaba en el cielo. Como dicen en España, pues eso mismo digo ahora de Don Jesús.