Hey. He leído el post de ayer y me he quedado flipao. ¿Cómo es eso de que Dios te dice cosas? ¿Cómo te lo dice? Esto parece una movida muy extraña. Perdona, no lo digo por ofenderte, pero ¿no estarás contantdo un cuento? Esto es una rallada. Quiero que me cuentes algo más sobre eso de la llamada: ¿qué es y cómo se nota? Porque hace poco hablaba de estas cosas con unas amigas y estábamos todos alucinados... no sé: que no entiendo nada.
Te diré lo que yo he descubierto sobre esto a lo largo de mi corta vida (y mis largas lecturas): para saber lo que te quiere decir alguien, primero hay que oírle. Esta es la única manera de escucharle. Y, para poder escuchar a Dios, es necesaria la oración. A Dios no se le oye como a las demás personas, mediante unas ondas sonoras, que van por el aire. Él prefiere hablar directamente al corazón.
Me parece que me estoy yendo por las ramas. Creo que es mejor que te ponga un ejemplo, para entenderlo bien. Hablar con Dios es como una llamada telefónica. Para poder escucharle es necesario tener un teléfono y coger la llamada. Si no lo hacemos, por mucho que nos llame, no hay manera de que le escuchemos.
El teléfono se consigue con una buena confesión. En la confesión reconocemos nuestros fallos, Él nos perdona, volvemos a estar a bien con Dios, nos llenamos de paz y, además, es gratis: ¿quién da más?
Coger la llamada se consigue en la oración. Dedicándole un tiempo fijo al día a hablar con Jesús. Le puedes contar lo que te ha ocurrido, pedirle ayuda para el resto del día, pedirle por amigos o familiares, contarle algo gracioso... Al menos esto es lo que hago yo.
Además de escucharte, te habla. Sin ocurrir nada raro, te va contando cosas de todo tipo. A mí me ocurre así a diario. Esto es difícil de explicar, porque es una realidad vivencial. Es decir, algo que se ha vivido o no se ha vivido: no se puede explicar fácilmente. Por eso, te recomiendo que hagas la prueba. Si tienes dudas, después de intentarlo, puedes volver a preguntar.
Respecto de la llamada -o vocación, como quiera llamarse-, te diré que llega cuando uno cae en la cuenta de las condiciones que Dios le ha dado, y de las necesidades de la Iglesia. Entoces se da cuenta, con la gracia de Dios, de que tiene unas cualidades -pensadas por Dios desde siempre-, para poder satisfacer unas necesidades que hay en la Iglesia.
Como no acierto a expresarme bien, cedo la palabra a un buen amigo mío al que mucho le debo: "Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina, cómo se da uno cuenta, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio. Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros llaman vocación.
La vocación nos lleva -sin damos cuenta- a tomar una posición en la vida, que mantendremos con ilusión y alegría, llenos de esperanza hasta en el trance mismo de la muerte. Es un fenómeno que comunica al trabajo un sentido de misión, que ennoblece y da valor a nuestra existencia. Jesús se mete con un acto de autoridad en el alma, en la tuya, en la mía: ésa es la llamada".
No te preocupes. No es algo fácil de entender. Lo de ayer, y lo que he dicho ahora, son consejos generales, que te pueden ser útiles. Pero pienso que, como cada persona es un mundo, lo mejor es hables de esto con algún sacerdote de los que se sientan en el confesionario. (Y, de paso, que reces por los que no se sientan en el confesionario... y también por los que sí lo hacen, claro).
25/01/2006
La vocación: ¿un arrebato o una llamada? (2)
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5 comentarios:
oye, tambien puede ser con algun sacerdote que no se siente en el confesionario e!!!
El caso es hablarlo con alguna persona, numerario, jesuita, trinitario, salesiano, que haya pasado por lo mismo, y no tiene porque ser sacerdote, puedes hablar con algun "monje". No de los de convento. Pero si que haya hecho votos y viva en una comunidad. Al igual que con algún numerario, que son laicos, por cierto :P no esta mal decirlo.
Esperaba este comentario.
Como cada uno es libre, lo puede hablar con quien le de la gana.
Pienso que estos temas es bueno hablarlos con un sacerdote. Lo digo porque yo lo hice en su día, y me fue bien. Pero, insisto, que cada uno lo hable con quien quiera. Como si quiere hablarlo con su vecino de arriba. Allá él (o ella).
No obstante, no me quería referir estrictamente a los sacerdotes que se sientan en el confesionario.
Creo que no me he explicado bien. Es una forma de hablar, para referirme a un sacerdote ejemplar.
Desde mi punto de vista, además de hablarlo con un sacerdote, se puede hablar con otras personas: los padres, un amigo numerario, un monje... También hice yo esto en su día. Además, ahora hablo cada semana con un numerario de estos temas, para pedirle ayuda y orientación. Pero creo que la función del sacerdote es fundamental para el discernimiento de la llamada.
Con esto no pretendo convencer a nadie. Sólo quiero contar algo que me ha ido bien a mí, y a muchos otros que conozco.
Salu2.
Yo hablo cada dos semanas con la numeraria, lo mismito que tu. Pero en su día, primer lo hable con una persona que tenía la misma vocación que yo, y fue la que me aconsejo. Y luego ya vino, el cura que me casara, el puñetero jefe, que no es de la obra, pero le quiero como si fuese de mi familia, luego el de la obra, y por ultimo la numeraria.
ah, y como no, mis monjis. Que sin ellas no estaría donde estoy, y lo habría dejado mil veces. Ellas me ayudan a seguir ahi cuando tengo ganas de huir.
Me alegro. Agradezco tu testimonio. Los caminos que Dios elige para cada uno son diferentes. Viva la libertad.
Antonio, soy un supernumerario de Zaragoza, yo tengo un modesto blog con el que intento ayudar a formar criterio, he puesto un enlace del tuyo en el. El mio es www.berabe.blogspot.com, al tuyo le he titulado valiente. Animo "Ut omnes unum sint"
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